viernes, 3 de septiembre de 2010

La molletes

Poner motes es un arte, y hay personas con ese don. Hay dones que merecen palos, pero es lo que nos ha tocado vivir. A una salsera por conveniencia, alguien un día puso ese mote, y por lo visto cuajó. La molletes.

Discriminamos por cualquier cosa a quienes no son como nosotros. Nos da igual el hacer daño o no. En verdad que la molletes se lo curra. Y quien se lo puso, tiene el punto de finura en describir mucho con muy pocas palabras. La molletes.


Describir a la ubícua molletes, es como el soneto del maestro Quevedo:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

La molletes es discriminada al bailar por su apariencia física, cierto. Pero aún si no fuera por ella, se la discriminaría por su actitud, su no puedo pero quiero porque yo lo valgo, una insolente impotencia que la caracteriza, la define, y la aboca a la soledad.

Es triste tener que aprender a bailar de hombre (siendo mujer), porque si no, nadie te saca. La molletes, va de culo [to go ass first], aunque vamos a mirarlo por el lado bueno: se puede especializar y acabar dando clase.


:-(


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Recomendación a la molletes: Deja a un lado esa artificial y ridícula altanería y olvida los cotilleos que te han llevado al lugar que ahora ocupas. Poco o nada tienes que hacer con quienes ya te conocen, pero con los nuevos que llegan al mundo salsero, al menos tienes el beneficio de la duda.

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Aquí, aconsejandillo.

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