domingo, 23 de mayo de 2010

Salsa. Torrente en Merecumbe

Hace un rato he estado en el bar de salsa Merecumbé, en el Polígono El Viso. No es un sitio que me agrade especialmente, por el pestazo a tabaquismo que en el se respira, pero en Málaga no hay ningún bar de copas -mucho menos de salsa- donde se respete la vigente ley antitabaco.

En él estaba Torrente. El auténtico, el genuino, el casposo Torrente chutándose un puro. El HIJO DE PUTA. Así se muriera. Una muerte lenta, dolorosa, y con muchos tubitos inyectados en el cuerpo.

Merecumbé, al igual que el resto de establecimientos hosteleros de más de cien metros cuadrados, es un lugar donde la vigente ley antitabaco prohibe que los pestosos drogatas de tabaquismo se chuten su dosis, pero se hace la vista gorda. Incluso venden paquetitos de cancerígenos. Su muerte, gracias.

El supuesto socialista Zapatero, acaba de rebajar un 5% el sueldo de los funcionarios. Pagan justos por pecadores. A los inspectores de la delegación en Málaga de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, habría que rebajarles el suelo en un 95% o mejor aún, mandarlos a la mierda. En cuatro años han demostrado ser unos inútiles incapaces de hacer cumplir la vigente ley antitabaco.

Acabo de ducharme, lavarme los dientes y echarme colirio. Mi ropa está en la terraza. Sigo sintiéndome sucio. Les deseo una lenta y dolorosa muerte a todos los pestosos yonquis de tabaquismo, incluso a los de mi familia. Así la palmaran todos.

¿Se me nota mucho el cabreo?

:-(

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Dicen que para el próximo año, nuestro dirigentes delincuentes van a aprobar una ley antifumadores. Hipócritas. Deberíais prohibir el tabaquismo. Que los yonkis de tabaquismo deban acudir a los poblados marginales a comprar su dosis, como el resto de yonkis.

No teneis cojones. Políticos = delincuentes.

2 comentarios:

Vanesa dijo...

Es que el tema es para cabrearse.

Si empezamos a poner ejemplos, no terminaríamos nunca.

El viernes pasado, sin ir más lejos, invité a casa a los compañeros de trabajo.

Previamente les envié un listado de instrucciones de asistencia y permanencia en la fiesta (mitad cachondeo, mitad serio), por escrito. Una de ellas era precisamente que en mi casa no se fumaba y que si querían hacerlo tendrían que salir a la terraza o a la calle.

Los que ya me conocen, no duraron ni un instante de que la instrucción iba totalmente en serio, así que salieron sin rechistar a la terraza y allí permanecieron la mayor parte de la noche, cigarro tras cigarro. Pero alguno que otro me preguntó, con media sonrisa, si de verdad no se podía fumar dentro, todavía un poco incrédulo de que yo pudiera ser tan petarda.

El resultado es que tuve dos ambientes en la celebración hogareña: un grupo de auto marginados en la terraza, y otro dentro, charlando conmigo, bailoteando o tomándose una copa. Pero en fin, es lo que hay.

A pesar de todo, ahora abro la puerta y al entrar, flota un olor difuso a tabaco en mi casa y me toca un montón las narices (nunca mejor dicho).

Porque el caso es que por mucho que fumen fuera, ellos mismos están impregnados de ese olor, que han dejado pegado en mi sofá, paredes, y rincones varios.

Creo que en el fondo de este problema, hay mucho una cuestión de educación y respeto, aderezada (como no), por el inmenso poder de una maquinaria de intereses económicos cuyos tentáculos llegan a todas partes. Me parece una tremenda falta de educación y respeto que en una reunión, comida o lo que sea, el tipo de al lado se encienda un cigarro y se lo fume en tu cara, echándote todo el humo encima. Desde pequeñitos nos han educado en montones de cosas. Nos dicen que no se eructa en público, que uno no se puede tirar un pedo sonoro cuando hay gente, que a los mayores se les trata de usted, que está feo estirazarse en público, que no te debes meter en la boca un palillo de dientes cuando hay gente, etc, etc… ¿Y por qué mi madre y mi padre nunca me dijeron una palabra sobre que estaba horroroso fumarse un cigarro a 10 centímetros de tu interlocutor y apestarlo de pies a cabeza? La verdad es que no lo entiendo.

La falta de respeto llega hasta este punto: conozco una persona que tiene asma, a la que el humo del tabaco le provoca crisis de ahogo (bueno, tú lo conoces, Antonio: es el amigo común que te llamaba precisamente el viernes desde mi casa para saludarte). Todos mis compañeros de trabajo lo saben. Pues jamás he visto a ninguno de ellos dejar de fumarse un cigarro en su presencia. Y mira que él lo dice y se queja. Les da exactamente igual…

Y siempre que leo estos arrebatos tuyos contra los fumadores, se me viene a la cabeza la imagen del catedrático de la Universidad de Málaga, Alejandro Rodríguez Carrión (al que imagino que tú también conociste). Por circunstancias que no vienen al caso, él fue una persona importante en mi vida y me pareció siempre un hombre de gran ingenio y con una capacidad de oratoria y de captar el interés de sus oyentes extraordinarias, y me quedé sobrecogida el día que lo vi en una silla de ruedas, convertido en una auténtica momia viviente, con unos tubos metidos por la nariz que le oxigenaban los maltrechos pulmones. Siempre estaba diciendo, entre risas (porque también tenía un gran sentido del humor) que él era un fumador vicioso y asqueroso. Con esas mismas palabras. Pero yo no le veo la puñetera gracia, porque al final murió de un cáncer de pulmón, como no podía ser de otra forma, en una larga y dolorosa agonía. ¿Pero qué demonios esperaba tener?. Lo que él y su encantadora familia habrán pasado, para ellos se queda.

Saludos,

Vanesa.

chef plus dijo...

ke bueno , ke cara tiene este tio :))

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